Hambre en Somalia. A algunos nos suena esto, pero cambiando Somalia por Etiopía. Fue a mediados de los años ochenta cuando las imágenes de los niños desnutridos nos invadían, un día sí y al otro también. Parece increíble que más de veinte años después la historia se repita, pero, ¿qué se puede esperar de un planeta donde se gasta 10 veces más en armamento que en ayuda humanitaria? Esta proporción llega a ser de 25 a 1 en el caso de los devaluados Estados Unidos de América.
Es evidente que la guerra es un negocio, y no se puede esperar que los políticos vayan a hacer algo al respecto, toda vez que están dominados por grupos influyentes que marcan el rumbo a seguir, con el color verde y el rostro de George Washington por bandera.
De todos modos, todos podemos ayudar a paliar el sufrimiento del pueblo somalí con una pequeña aportación, pues lo que para nosotros puede suponer no ir al cine una tarde, puede significar que un niño coma un día. Pero digo yo, ¿por qué tiene que gastarse el dinero de los impuestos que todos pagamos religiosamente en comprar un tanque, un coche para el político de turno, o para que puedan darse un banquete a nuestra costa?
En definitiva, si las cosas son así, es por puro egoísmo de quienes creen que nunca se encontrarán en una situación semejante, y prefieren mirar hacia otro lado antes que poner remedio a un mal evitable con un mínimo esfuerzo.
Tan sólo espero que aprendamos de nuestros errores, y no se repita esta situación, para que nuestros nietos tan sólo lo conozcan en los libros de historia.
Coco.